Un estudio publicado recientemente en la revista médica The BMJ (British Medical Journal) concluye que la incidencia del autismo es similar entre chicos y chicas, aunque los diagnósticos continúan produciéndose antes en ellos. La investigación, desarrollada a partir del seguimiento de más de 2,7 millones de personas nacidas en Suecia entre 1985 y 2020, refleja que los niños suelen recibir el diagnóstico entre los 10 y los 14 años, mientras que en las chicas suele retrasarse aproximadamente cinco años.
Según los datos analizados, antes de los 10 años la proporción de diagnósticos es de tres chicos por cada chica, pero a los 20 años esa diferencia prácticamente desaparece. Los resultados refuerzan la hipótesis de que existe un importante infradiagnóstico temprano en niñas y mujeres autistas.
En paralelo, diferentes entidades y profesionales sanitarios vienen alertando también de este sesgo de género en otros trastornos del neurodesarrollo, como el TDAH. Diversas revisiones científicas sitúan la prevalencia del TDAH entre el 5% y el 7% de la población infantil mundial, aunque existen grandes diferencias entre el número de niños y niñas diagnosticados.
En este sentido, el presidente de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) el Dr. Pedro Gorrotxategui, señala que “en un estudio realizado en la Comunidad de Madrid y publicado en 2017, el 77% de los pacientes analizados fueron niños, y solo el 23% eran niñas”. Es decir, el estudio confirmó que el triple de niños que de niñas estaban diagnosticados de TDAH.
«Los criterios diagnósticos estándar se basaron inicialmente en patrones de comportamiento masculinos, lo que, potencialmente, puede hacer que se pasen por alto o se malinterpretaran los signos en las niñas, al ser más sutiles”, explica el presidente de la AEPap.
Especialistas coinciden en señalar que las niñas suelen presentar perfiles menos visibles desde el punto de vista clínico. Entre otros factores, destacan una mayor capacidad de adaptación social, menos conductas repetitivas evidentes, mejor desarrollo lingüístico y estrategias para encajar socialmente que pueden ocultar las dificultades durante la infancia.
Además, en los casos considerados más leves o sin discapacidad intelectual asociada, el diagnóstico resulta todavía más complejo. Según profesionales expertos, muchas niñas desarrollan mecanismos de compensación social que retrasan la identificación del autismo hasta la adolescencia o la edad adulta.
Los especialistas subrayan la necesidad de revisar y adaptar los procesos de detección y evaluación para avanzar hacia diagnósticos más equitativos y ajustados a la diversidad de perfiles dentro del espectro del autismo y del conjunto de los trastornos del neurodesarrollo.








